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LOS USTACHA

LOS USTACHA

El genocidio que la iglesia católica ocultó en pleno siglo XX

Hay momentos de nuestra historia que pueden horrorizarnos y mostrarnos los límites de crueldad a los que puede llegar el ser humano. El caso de los Ustacha es particularmente atroz, pues nos demuestra la sevicia que pueden alcanzar algunas personas que anteponen el deber a la razón. 

USTACHA

Durante la Segunda Guerra Mundial se estableció el Estado Independiente de Croacia, un estado títere del régimen nazi, gobernado por Los Ustacha, partido racista y ultracatólico fundado por Ante Pavelic en 1929. Este régimen estableció una serie de campos de concentración y exterminio, en los cuales fueron asesinados más de 500.000 serbios, junto con decenas de miles de judíos y gitanos. El delito de todos ellos era ser de religión ortodoxa en caso de los serbios, así como gitanos y judíos de una etnia distinta. 

El origen de los Ustachas se remonta a las postrimerías de la Primera Guerra Mundial, momento de gran tensión entre serbios y croatas. Estos últimos exigieron que el estado se estructurara como una federación en la que tendrían una autonomía significativa, mientras que los serbios, querían mantener su control del poder. Tras el asesinato de los delegados croatas que harían parte del Parlamento, el conflicto alcanzó su punto máximo en 1929, exactamente el mismo año en que Alejandro I asumió el trono de Yugoslavia. Con este importante cambio estructural, los grupos croatas extremistas crearon el partido Ustacha, creyendo que esta sería la única solución para el establecimiento de un estado croata independiente. 

USTACHA

Luego del asesinato del rey Alejandro I durante una visita a Francia en 1934, la ideología de los Ustachas tomó el poder, basándose en el fascismo italiano, sentando así las bases para un régimen totalitario y violento. Durante su mandato, sus líderes buscaron continuamente el apoyo de otras naciones poderosas, como el que les brindó la Italia de Mussolini y la Alemania de Hitler, quien en 1941 decidió crear un estado en parte de Yugoslavia, sujeto al control alemán, pero con los Ustacha en el poder. De este modo, se presentarían un sinnúmero de atrocidades masivas durante los cuatro años de gobierno de este régimen opresivo. 

Entre sus conductas más reprobables se recuerda la construcción de 25 campos de exterminio, entre los que se encontraban Sisak o Jasterbarsko, diseñados exclusivamente para menores de edad. Muchos de estos campos eran gobernados por sacerdotes católicos. Los Ustachas quemaron vivos a niños en presencia de sus padres, o bien les reventaban la cabeza con piedras. Una de las premisas de los ustachas era gastar el mínimo de balas posibles al exterminar a ortodoxos, judíos o gitanos. Miles de infantes fueron encontrados empalados con los brazos y las piernas torcidos, según lo comentó el historiador alemán Alfred Miller. A las niñas menores de edad les amputaban los pechos delante de sus padres, para luego violarlas y degollarlas. Todo ante sus familiares más cercanos que más tarde serían de igual forma asesinados. 

A las embarazadas les abrían el vientre para extraer el bebé y matarlo. Otras embarazadas corrian peor suerte, y cuando se emborrachaban les hacían un corte en la barriga y les metían un gato hambriento para que este deborase el feto. La falta de escrúpulos los llevó a matar a cientos de ancianas, a las que sacaban los ojos y enterraban vivas. 

USTACHA

Solían asesinar utilizando martillos, hachas y cuchillos, elemento predilecto para degollar a sus prisioneros. De hecho, se recuerda que, en la noche del 29 de agosto de 1942, Petar Brzica (estudiante de derecho), Ante Zrinusic (sacerdote franciscano), Spika, y Milan Bulajic, apostaron quien de ellos sería capaz de asesinar a la mayor cantidad posible de prisioneros serbios recién llegados al campo de concentración de Jasenovac, utilizando un cuchillo llamado "srbosjek”. Bulajic relató lo siguiente: 

“La matanza comenzó y después de una hora yo maté a muchos más que ellos. Me sentía en el séptimo cielo. Nunca había sentido tal éxtasis en mi vida, después de un par de horas había logrado matar a 1.100 personas mientras los otros pudieron matar entre 300 y 400 cada uno. Y después, cuando estaba experimentando mi más grandioso éxtasis, noté a un viejo campesino parado mirándome con tranquilidad mientras mataba a mis víctimas y a ellos mientras morían con el más grande dolor. Esa mirada me impactó en medio de mi más grandioso éxtasis y de pronto me congelé y por un tiempo no me pude mover. Lo aparté y lo hice sentar conmigo en un tronco. Le ordené gritar: ‘¡Viva Pavelic!’ o te corto una oreja y se la arranqué sin que él dijese una palabra. Le dije otra vez que gritara ‘¡Viva Pavelic!’ o te arranco la otra oreja. Le arranqué la otra oreja. Grita: ‘¡Viva Pavelic!’, o te arranco tu nariz y cuando le ordené por cuarta vez gritar ‘¡Viva Pavelic!’ y lo amenacé con arrancarle el corazón con mi cuchillo, me miró y en su dolor y agonía me dijo: ‘¡Haga su trabajo, criatura!’ Esas palabras me confundieron, me congeló, y le arranqué los ojos, le arranqué el corazón, le corté la garganta de oreja a oreja y lo tiré al pozo. Pero algo se rompió dentro de mí y no pude matar más durante toda esa noche. 

El franciscano Petar Brzica me ganó la apuesta porque había matado a 1.360 prisioneros y yo pagué sin decir una palabra”. 

El ganador de la apuesta Petar Brzica, con las manos y el cuerpo manchado de sangre recogió su premio sin inmutarse y con cara sonriente. Ganó por tal atrocidad un reloj de oro y comer cerdo asado en bandeja de plata. Todo ello ante la mirada del director del campo de concentración, Filipovic Miroslav, que era sacerdote franciscano. 

USTACHA

Por todos estos actos, los nazis expresaron su horror ante sus métodos a los que consideraron excesivos y poco eficaces. Herman Neubacher, comisario alemán en Croacia, definió las bestialidades Ustachas como "el crimen más feroz de la historia, que solo se puede comparar con el infierno de Dante". 

Finalmente, los extremistas croatas fueron derrotados por los rusos en 1945 por lo que Ante Pavelic tuvo a escapar a Argentina, donde sufrió un atentado en 1957. Dos años más tarde, murió en Madrid a causa de sus heridas. Pero la polémica no se queda en la crueldad sin límites de sus actos, sino en el nombramiento como “beato mártir” de Aloysius Stepinac, antiguo arzobispo de Zagreb por parte del Papa Juan Pablo II. Stepinac, fue conocido por colaborar con los Ustachas durante su régimen de terror y por enviar informes favorables al Vaticano sobre la labor de estos en la otrora Yugoslavia. 

¿Fue la iglesia católica capaz de mirar para otro lado mientras sacerdotes y fieles croatas cometían uno de los mayores genocidios del siglo XX? Juzgen ustedes mismos, más de medio millón de muertos en un genocidio que muy pocos conocen y que apenas se ha tratado en la prensa convencional. Cómo si un manto de oscuridad y silencio rodearan el que fue sin dudas uno de los actos más viles que se hayan visto en el último siglo. Hechos crueles y horrendos sobre los que la iglesia católica jamás se ha pronunciado. Una sucia conspiración que persiste en pleno siglo XXI. 

Alejandro Bernal

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