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EL MANUSCRITO QUE REESCRIBE LA HISTORIA DE LA CIENCIA EN COLOMBIA

EL MANUSCRITO QUE REESCRIBE LA HISTORIA DE LA CIENCIA EN COLOMBIA

Bajo la estricta vigilancia de la sala de seguridad del Fondo Antiguo, la mejor protegida de la Biblioteca Nacional, en Bogotá, se encuentran algunos de los libros más antiguos e importantes de la historia de Colombia. En ese recinto, de unos 26 metros cuadrados con condiciones controladas de luz, temperatura y humedad, están los textos originales de obras cumbre de la literatura colombiana, como La Vorágine, de José Eustasio Rivera, y los manuscritos de Jorge Isaacs.

También hay dos primeras ediciones dedicadas de Cien años de soledad, del célebre Gabriel García Márquez, y la única edición completa de La Bagatela, el periódico fundado por el prócer Antonio Nariño en septiembre de 1811, y una del Semanario del Nuevo Reino de Granada, editado por el sabio Francisco José de Caldas. La mayoría de esas piezas, resguardadas como las más preciadas reliquias literarias, comparten un elemento en común: su unicidad. De ellas solo existe una sola copia conocida, por lo que son un patrimonio invaluable de la cultura del país. Y allí, en medio de ese fortín de la historia, hay un documento que pasó desapercibido durante años y ahora ha sido rescatado por los investigadores José Gregorio Portilla, profesor del Observatorio Astronómico Nacional, y Freddy Moreno, del Centro de Estudios Astrofísicos del colegio Gimnasio Campestre, de Bogotá. Su revolucionario hallazgo se constituye en una nueva piedra fundacional de la ciencia en Colombia, y su desconocido autor pasará a ser reconocido como el primer científico nacido en territorio nacional. Un conocimiento que reescribirá los libros de historia en el país.

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Se trata de un texto de astronomía y cronología de 244 páginas escrito a mano en 1696, más de cien años antes del que hasta ahora era considerado el primer texto científico elaborado por un colombiano, las Observaciones sobre la Verdadera Altura del Cerro de Guadalupe que Domina esta Ciudad, el cual apareció en el periódico El Correo Curioso, redactado por el sabio Caldas en 1801. Las delicadas hojas del manuscrito, ya palidecidas y manchadas por el paso del tiempo, están escritas en español, en una caligrafía cursiva. Su contenido está dividido en tres tratados, en los cuales el autor plantea originales y transgresoras teorías, como una reforma al calendario Gregoriano, de tal manera que su propuesta ofrece una nueva fecha para la muerte y nacimiento de Cristo; una teoría original sobre el movimiento de los planetas del sistema solar y hasta una tabla geográfica con las latitudes y longitudes de varias ciudades colombianas, tomando como meridiano de referencia la ciudad de Vélez, Santander.

La elección de esta ciudad no es casual. En esta provincia santandereana residía Antonio Sánchez de Cozar Guanientá, el autor del manuscrito que, según sus investigadores, puede titularse Tratado de Astronomía y de la Reformación del Tiempo. De acuerdo con Portilla y Moreno, quienes recientemente publicaron un detallado análisis del escrito en la revista de la Academia Colombiana de Ciencias Exactas, Físicas y Naturales (Accefyn), sobre Sánchez de Cozar no se sabe nada más allá de lo que él mismo dejó consignado en su obra: que era un cura oriundo de San Gil, Santander, descendiente de un español y de una hija del cacique Guanentá, el principal líder indígena de la zona cuando llegaron los españoles y en cuyo honor se nombró una región de ese departamento.

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“Sabemos, porque lo dice explícitamente, que era sacerdote. Más bien un cura de vereda sin mucha jerarquía, pero muy inquieto. Creemos que no perteneció a ninguna congregación y, por la forma de su escritura, inferimos que le faltaba formación académica. Además, por el hecho de que haya redactado casi la totalidad de su obra en español, deducimos que no era un erudito, pues los manuscritos de los intelectuales de la época estaban redactados en su totalidad en latín”, explica Portilla, quien agrega que no saben qué edad tenía Sánchez de Cozar cuando lo finalizó, pero estiman que “era un sujeto entre los 40 o 50 años, pues afirma que llevaba 20 años trabajando en su manuscrito”.

“Sin embargo –continúa el investigador–, lo que sí podemos decir es que este religioso era una persona muy curiosa, que había leído bastante a autores como la madre María de Jesús Agreda y Rodrigo Zamorano, un marino y astrónomo español perteneciente a la Casa de Contratación de Sevilla, quien escribió en 1594 la Cronología y Repertorio de la Razón de los Tiempos, un libro básico de astronomía, meteorología y de prácticas astrológicas que fue fundamental para Sánchez de Cozar y con el que este comparte muchos elementos narrativos”.

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Como parte de las indagaciones sobre el manuscrito, que los llevaron a convertirse en una suerte de arqueólogos literarios, en septiembre del 2017, Moreno viajó a Vélez para tratar de escudriñar más acerca de la vida de Sánchez de Cozar. Moreno visitó la casa cural y consultó documentos fechados entre 1670 y 1720, como las partidas de nacimiento y de matrimonio para saber si la firma del sacerdote estaba en ellos, pero no encontró rastro alguno de él. “También fui al municipio de Socorro, porque me dijeron que era posible que allí hubiera documentos antiguos, y revisé desde el año 1650 hasta 1720 y tampoco hallé ningún dato. Lo más posible, entonces, es que él fuera un sacerdote que ayudaba en la capilla de San Gil, que dependía de la parroquia de Vélez. Incluso llamé a la casa cural de San Gil, y me dijeron que no tenían documentos del lapso que nos interesaba”, narra Moreno, quien, no obstante, aún ve posible que en la curia de alguno de estos pueblos haya referencias sobre Sánchez de Cozar Guanientá.

Moreno dice que la mayoría de los datos biográficos de este científico los obtuvieron de los tres prólogos con los que cuenta el manuscrito, dirigidos al rey de España, al censor y al lector, una costumbre de aquella época. Otro dato interesantes es que menciona que ha escrito varias copias y las ha enviado al rey para que este corra con los gastos de la impresión y le mande un ejemplar a la Santa Sede para que lo vea el Papa. Pero los investigadores sospechan que la aspiración de Sánchez de Cózar nunca se cumplió y que su temor de que su obra “padeciera en las cavernas del olvido”, como lo dice en uno de los prólogos, estuvo a punto de cumplirse, pues en los Archivos de Indias, en la ciudad española de Sevilla, no hay registros de tales textos enviados desde la Nueva Granada.

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¿Cómo sobrevivió entonces la copia en poder de la Biblioteca Nacional? Por alguna razón misteriosa, este ejemplar nunca se envió a España y fue pasando de familia en familia hasta que, a mediados del siglo XIX, un hombre llamado Elías Prieto, de Soatá, Boyacá, se enteró de que el escritor José María Vergara y Vergara estaba reconstruyendo la historia de la literatura colombiana y se lo envió a él. En el manuscrito también se sobreescribió que perteneció a un tal Leónidas Cárdenas. Finalmente, Vergara y Vergara lo incluyó en su libro Historia de la literatura en Nueva Granada, publicado en 1867 –incluyendo una parte breve de uno de los prólogos del texto– y depositó este y otros manuscritos originales en la Biblioteca Nacional para que los preservaran de la manera adecuada. A partir de ese momento, y en palabras de Portilla, el manuscrito pasó de agache. Hasta hace cinco años, cuando fue desenterrado del olvido por el profesor Moreno, un amante de esculcar en los anaqueles de las bibliotecas y quien comenzó a estudiarlo con sumo detenimiento en compañía de Portilla hace más de un año.

“Ese manuscrito es importante no solo por lo inédito, sino porque refleja el conocimiento sobre la ciencia en un período tan temprano de Colombia. Para la biblioteca es importante porque llega a través de la colección de Vergara y Vergara, quien, aunque lo incluye en su compilación, no sabe de qué está hablando. Son los científicos quienes le darán su verdadero valor”, afirma el historiador Camilo Páez, coordinador del Grupo de Colecciones y Servicios de la Biblioteca Nacional, para quien resulta “muy extraño” que el lugar de origen del manuscrito no haya sido Santafé o Cartagena, que eran lugares donde había un poco más de información y que contaban con algunas bibliotecas. “Vélez era un lugar de paso y esto da pie para preguntarse sobre su verdadera relevancia en ese momento”, añade Páez.

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A continuación, una breve descripción del contenido del manuscrito, del que solo se ha publicado la inclusión en el libro de Vergara y Vergara, una mención en un artículo de la revista Cuadernos de Filosofía Latinoamericana de 1993 –en el que los autores anuncian que darán a conocer el texto completo una vez lo hayan estudiado, algo que finalmente no ocurrió–, un artículo corto en la revista Astrolabio del Liceo Campestre, en el 2018, y el reciente análisis en la revista de Accefyn. Sánchez de Cozar propone una solución bíblica al antiguo problema de ajustar el calendario a años que no duran exactamente 365 días, sino que tienen una fracción adicional de 5 horas, 48 minutos y 45,19 segundos. Para el sacerdote, los años deben durar un poco menos que lo establecido en 1582 por el papa Gregorio XIII, quien decidió eliminar diez días del calendario y que ciertas decenas de años, que deberían ser bisiestos, no lo fueran.

“Él plantea esta opción para intentar establecer la fecha de nacimiento y muerte de Cristo que, como se sabe por el evangelista Lucas, fue un viernes en el que, supuestamente, el día se oscureció por varias horas en todo el planeta. Históricamente, esto se ha interpretado como la ocurrencia de un eclipse solar y el cura, quien entiende de astronomía, dice que no es cualquier eclipse, sino uno especial, que sucede justo después del jueves pascual, el rito judío más importante y que se celebra en luna llena. Pero los eclipse totales de Sol ocurren en luna nueva.

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"Si el Jueves Santo es luna llena y al día siguiente hay un eclipse total de sol, significaría que la Luna se movió casi 170 grados, algo imposible, pero ante lo cual el cura no cuestiona”, asegura Portilla, quien explica que esto responde a que Sánchez de Cozar cree a pie juntillas lo que dice la Biblia y no duda de las escrituras. Para explicar este fenómeno, Sánchez de Cozar recurre a decir que se trata de un milagro de Cristo: “A partir de ese razonamiento, él busca una fecha en que la Luna se ajuste con ese movimiento y le resta 33 años, que es la edad aceptada de la muerte de Cristo. Se ufana de que por fin alguien encontró la fecha real de nacimiento del Mesías cristiano y la refiere en relación con la creación del universo. Así, él dice que Cristo murió en el año 3.855 después del origen del mundo, y que nació en el 3.821. Esto, en la escala de tiempo que operamos, corresponde, por supuesto, al año 1 después de Cristo.

Sin duda, una de las teorías astronómicas más interesantes y revolucionarias que plantea Sánchez de Cozar es la relacionada con la gravedad y el movimiento de los astros en el cielo. Aunque en esa época, en Europa, pensadores como Nicolás Copérnico, Johannes Kepler e Isaac Newton ya estaban construyendo sus hipótesis en torno a un modelo heliocéntrico, el manuscrito propone un sistema geocéntrico que contradice la creencia cristiana según la cual cada uno de los astros gira en torno a la Tierra por acción de ángeles que los mueven a distintas velocidades. En este modelo, la Tierra está en el centro del universo y a su alrededor giran los círculos cercanos de Mercurio, Venus, la Luna, el Sol, Marte, Júpiter y Saturno; más lejos, en un cielo fijo están las estrellas y el Empíreo, que es donde viven Dios, sus ángeles y “los bienaventurados”, según el manuscrito. Los cometas son explicados como fenómenos meteorológicos, es decir que ocurren a pocos kilómetros de altura.

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“En un acto de innovación, Sánchez de Cozar prescinde de los ángeles y plantea una explicación mucho más científica, en la que los planetas se mueven por la gravedad, una fuerza que sale desde un punto próximo al centro de la Tierra y que los atrae porque quedaron desestabilizados al inicio de su creación. En cambio, el cielo de las estrellas está fijo debido a su exacta simetría, por lo que no hay ninguna parte que se atraiga más que las otras. Él dice que cada uno de estos cielos, menos el Empíreo, tiene un nudo en forma piramidal (que alberga cada astro) dirigido hacia la Tierra, el cual es responsable de que hayan perdido estabilidad y estén dotados del movimiento. Hasta donde hemos podido investigar, la idea parece ser original y no simplemente que la haya fusilado de algún lado”, dice Portilla.

El punto culmen de esta teoría es describir cómo será el fin del mundo: los cascos (que es como llama a estos cielos) se caerán los unos sobre los otros y chocarán, quedando fijos, atrancados; y la Luna colisionará con la Tierra. Finalmente, Sánchez de Cozar introduce en su teoría un nuevo cielo al que llama ‘Incógnito’ y en el que transitan los cometas. “En 1681, él observó en el cielo y quedó impresionado con el ‘gran cometa de 1680’ (también conocido como cometa de Kirch o Newton, que se vio en Europa en ese año y está plasmado en una pintura del holandés Lieve Verschuier con una larga cola que abarca casi la mitad del cielo).

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“En 1682 vio el cometa Halley, y, para explicar la presencia de esos cuerpos con movimientos enigmáticos, él se inventó el cielo Incógnito, bautizado así por no haber sido observado antes, y que se ubica entre la Luna y Mercurio. Esa es una idea nueva, aunque para la época ya obsoleta, que nadie había osado introducir en el modelo geocéntrico y es toda una transgresión desde el punto de vista de la escolástica, que no admite cambios en el cielo porque este es inmutable”, añade Portilla.

Portilla indica que en su manuscrito, el religioso calcula, sin copiar de ninguna fuente y a partir de sumas y restas, las lunas llenas y nuevas y los eclipses lunares y solares entre 1675 y 1740: “Sus resultados están ligeramente descachados porque en esa época utilizaban una serie de reglas basadas en las fases lunares de otros años y no una teoría de la gravedad, como sucede ahora. Por eso nos resulta difícil comparar con lo que sabemos en la actualidad, debido a que la rotación de la Tierra se está frenando muy ligeramente y no sabemos con certeza la duración del día sideral en esos años”, dice el académico. Otro punto relevante es que Sánchez de Cozar se puso a la tarea de calcular las latitudes y longitudes de varias poblaciones de España, sus colonias y del Nuevo Reino de Granada con respecto al meridiano de una ciudad neogranadina: la provincia de Vélez, que es donde él vivía. Esto lo hizo a partir de las longitudes en relación con Sevilla (España).

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“Lo interesante es que incluyó las latitudes y longitudes de otras 28 poblaciones neogranadinas que no estaban en el libro de Zamorano que consultó, lo que plantea el interrogante de dónde pudo haberlas conseguido, aunque él mismo pudo haber determinado algunas. En esto se adelantó un siglo al sabio Caldas, quien, hasta donde sabíamos, fue el primer criollo que intentó hacer algo similar para la conformación de un mapa del virreinato, con lo cual se pone en entredicho la idea de que Caldas es el primer astrónomo colombiano, asevera Portilla. “Para Caldas, la astronomía no era más que una herramienta para hacer mapas. Él no sentía esa pasión por la observación astronómica para buscar, digamos, estrellas dobles o cúmulos globulares, algo que bien pudo haber hecho, logrando importantes contribuciones, pero que no hizo, aun cuando disponía del observatorio astronómico más meridional y de mayor altura que había en ese momento en el mundo, en Bogotá. Nunca se atrevió a poner en duda los modelos cosmológicos imperantes o a proponer ideas alternativas sobre el funcionamiento del universo.

Por eso creemos que con Sánchez de Cozar Guanientá estamos frente al primer pensador y científico colombiano. No hay que perder de vista que hay partes de su trabajo en las que habla de astrología y que les dedica espacio a temas como la influencia de los astros en el cuerpo humano, asuntos normales en ese momento. Pero sus aportes en astronomía son importantísimos en sí mismos y es lamentable que pasaran desapercibidos tanto tiempo”, puntualiza Portilla.

Redacción Un Mundo de Misterio

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