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EL MISTERIOSO CADÁVER DEL ASCENSOR 54 DEL HOSPITAL DE LA PAZ EN MADRID

EL MISTERIOSO CADÁVER DEL ASCENSOR 54 DEL HOSPITAL DE LA PAZ EN MADRID

Trabajadores encontraron un cuerpo sin vida en estado de descomposición

En el Hospital La Paz todos los días muere alguien. Lo hacen en la cama, en la mesa de operaciones e incluso en los patios interiores. Lo que no había sucedido nunca es que alguien falleciese en el hueco de un ascensor. El martes por la mañana, los técnicos de Schindler, la empresa que mantiene los elevadores del centro, acudió para solventar una incidencia técnica "menor" y se encontró con el cuerpo desfigurado de un varón, de alrededor de 60 años, con cortes profundos en una pierna, el tórax y varias partes del cuello y la cara. El calor del foso, ubicado en una zona donde hay varias máquinas, había acelerado la descomposición del cuerpo, que desprendía un fuerte olor.

En La Paz trabajan cientos de personas, pero nadie sabe de dónde ha salido ese cadáver. No llevaba uniforme del hospital ni la camisa de los de mantenimiento, y tampoco el pijama que se facilita a los pacientes. Parece claro que se trataba de un visitante, aunque nadie se explica cómo pudo burlar la videovigilancia y acceder a una infrastructura crítica sin que nadie reparase en la filtración. El cadáver apareció en el hueco del ascensor 54, desde el martes fuera de servicio, adornado con una silueta azul que recuerda a los trazos de tiza con los que la policía de Estados Unidos marca la posición de los cadáveres. El 54 es un elevador destinado al público general, en el pasillo que une Maternidad con las salas de rayos y Neurología. Es uno de los dos principales accesos a las consultas y solo viaja desde la planta baja hasta la 13.

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Debajo hay otra planta, a la que solo tiene acceso el personal cualificado, y también está el foso del aparato. "Se le encontró al lado del box 3 de reanimación y de la cocina donde se elaboran las comidas de los pacientes, en una sala llena de cables y motores de ventilación que pertenece al Hospital General, pero a la que se accede por Urgencias", dijo uno de los trabajadores. Fueron ellos los que alertaron del mal olor que desprendía el lugar, y no los pacientes, aunque los pocos que se atrevieron a conjeturar hablaban de un animal muerto, nunca de un ser humano.

"Ahí no se puede entrar", dicen desde el mantenimiento del hospital. "No hay forma de llegar al foso de un ascensor. Se necesita una llave especial, normalmente con forma de triángulo invertido, que no venden en las ferreterías ni en ninguna otra tienda, aunque supongo que se podrá conseguir por internet". Continúa el trabajador: "Pero no es solo meter la llave, porque las puertas de esos ascensores, además, tienen un trinquete que desactiva los muelles de la puerta. Prueba a abrir las puertas de un ascensor así, es imposible, aun con la llave. Si está la electricidad conectada, es realmente complicado abrirlo... A menos que sepas bien cómo se hace".

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El ascensor se encuentra en una zona de mucha afluencia. El público solo puede acceder desde el Hospital General, en un horario determinado, cuando decenas de visitantes se agolpan a las puertas para acceder a las consultas. Hay otro acceso, desde Urgencias, si bien este se encuentra en un ala solo destinada para el personal del hospital. "Aquí nunca ha sucedido nada parecido, estamos hasta contándonos para saber si ha podido ser alguien de los nuevos o algo, no lo comprendemos", dijo un celador de Urgencias. Tienen que hablar con mucho cuidado, porque ayer el hospital dispuso a varios agentes de seguridad que no solo controlan los accesos, sino también con quién habla el personal: "Aquí la dirección dispara con bala y está todo lleno de cámaras, no se atreve nadie a hablar", confesó un celador que acaba de terminar su turno.

Entre los trabajadores de La Paz hay gran preocupación. La mayoría no comprende cómo un externo pudo llegar hasta un área crítica de Urgencias sin ser detectado. Tampoco están seguros de que no se trate de un trabajador: el personal de mantenimiento alterna con especialistas externos procedentes de subcontrataciones a los que no conocen, mientras que celadores y enfermeros solo se relacionan con los compañeros con los que comparten turno: "A los de la mañana los conocemos de cruzarnos con ellos en la puerta, poco más", dice una enfermera del turno de tarde. Además, con el verano se han descalado muchos turnos y ha llegado mucho personal de refuerzo que apenas conoce a los veteranos.

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En general, los trabajadores dan por hecho que se trata de un suicidio. Están acostumbrados a esta figura: "Todos los años en La Paz mueren dos o tres personas por suicidio. No sale nunca en la prensa por evitar el efecto llamada, pero una de las cosas que no pueden pasársele a un celador es avisar a Mantenimiento cuando detecta que una de las ventanas de la residencia se puede abrir", dice un celador. El pasado mes de febrero, apuntaron estas fuentes, una joven marroquí que acababa de dar a luz se encontró una ventana del pasillo abierta y se lanzó al patio. "Es lo más normal, mucha gente prefiere quitarse la vida ante una muerte o un diagnóstico grave", relataron los trabajadores.

La policía tampoco sabe nada del extraño cadáver, cuya identidad todavía no ha podido ser verificada. Según informaron fuentes de la comisaría de Fuencarral-El Pardo, que están llevando esta investigación, su principal hipótesis se basa en un accidente laboral. En el hospital confirman que ningún familiar se ha presentado desde que se conoció la noticia, aunque tampoco es extraño, habida cuenta de que llevaba muerto al menos 48 horas en el ascensor. Mientras se resuelve el misterio del ascensor 54, los pacientes cogen el de al lado, el 53, sin reparar en que el potente olor a detergente del interior enmascara el hedor a carne corrupta.

Redacción Un Mundo de Misterio

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