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EL TIEMPO DEL RUIDO

EL TIEMPO DEL RUIDO

331 años después este fenómeno continúa sin explicación

Ese nueve de abril de 1687 pasadas las 10 de la noche, ninguno de los habitantes de Santafé de Bogotá (el nombre original de Bogotá, la capital de Colombia) tenía dudas al respecto: el estruendoso sonido y el olor a azufre que lo acompañó no dejaban lugar a dudas: el demonio venía por los habitantes de la ciudad. Se trataba del fin del mundo.

Aunque hay una gran variedad de fenómenos sobrenaturales que podrían estar siendo exagerados, este caso en particular cuenta con abundantes relatos e historias, además del informe redactado por el jesuita Pedro de Mercado y otros en 1691, solo tres años después del suceso.  Dijo el jesuita en su crónica: “…se juntaban los incesantes y formidables aullidos de los perros que, conjurados todos cuantos había en la ciudad, parece que lloraban y sentían a su modo la calamidad y ruina de los hombres; todo lo cual, junto con los clamores lúgubres y piadosos de las campanas, que a una rompían entre los sonidos tristes del aire, componían una noche tremenda y horrorosa de juicio.”

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Aún no está claro si el fenómeno sucedió en el cielo o en la tierra, pero era claro que no era un terremoto por la inmovilidad de la tierra y por otra parte, el volcán más cercano a la capital se encuentra en el departamento del Tolima, a casi 300 kilómetros de distancia por lo que los habitantes de la capital salieron enloquecidos, en paños menores (a esa hora ya la ciudad reposaba del día) a refugiarse en iglesias y conventos, para implorar perdón o compasión del Dios que los sometía a castigo.

El Presidente de la Real Audiencia de Santafé y mandatario de la época, Gil Cabrera de Dávalos, envió una pequeña expedición militar hacia las riberas del río Fucha (en esa época, rio San Cristóbal), lugar donde aparentemente se sentía más fuerte el ruido, descreyendo la idea de un castigo divino y más bien aventurando la invasión por parte de un ejército extranjero fuertemente armado.

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De acuerdo a las crónicas el fuerte ruido duró entre 15 y 30 minutos (aunque el aroma azufrado que lo acompañó duró casi una semana), generando pánico generalizado. Desde aquella fecha y durante varios siglos se tuvo la costumbre de realizar misas y sacrificios eclesiásticos cada 9 marzo para rogar que tal suceso no volviera a repetirse.

Aún al día de hoy se aventuran diversas hipótesis sobre las causas del fenómeno que van desde un terremoto (sin embargo, no hubo movimiento en la tierra), una erupción volcánica (pues en la época se consideraba a los cerros de Monserrate y Guadalupe como volcanes inactivos, ya al día de hoy se sabe que estas montañas no son volcanes), un meteorito o meteoronoide (que no dejó rastros y que en su caída no tarda los casi 30 minutos que duró el fenómeno en Santafé), o en últimas un fenómeno atmosférico.

Tres siglos después, no hay una explicación satisfactoria para el fenómeno, que fue tan impresionante que se incorporó al habla popular y recibió el título de “El Tiempo del Ruido” y con el paso de los tiempos se usó como expresión de un suceso ocurrido hace mucho tiempo.

Alejandro Bernal

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