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LA ESCALOFRIANTE POSESIÓN DEMONIACA DE ROBBIE MANNHEIM

LA ESCALOFRIANTE POSESIÓN DEMONIACA DE ROBBIE MANNHEIM

La historia real detrás de un exorcismo de película

El 20 de agosto de 1949 los lectores del diario Washington Post, se estremecieron con el impactante artículo, donde se describía un caso de posesión demoniaca y exorcismo realizado a un adolescente en Mount Rainer. Debido al éxito de esta crónica, poco tiempo después William Peter Blatty publicaría su obra más famosa “El exorcista” que se convertiría en la exitosa cinta de 1973, considerada una de las películas de terror más emblemáticas de todos los tiempos.

No se sabe con certeza el nombre del protagonista de la historia, en los documentos del caso se le llamó Roland Doe (“Doe” es el apelativo que se da en Estados Unidos a las personas no identificadas), pero ese nombre sería cambiado a Robbie Mannheim por el autor Thomas B. Allen para su libro “Poseído” (publicado en 1993 y que tuvo su película del año 2000) que a diferencia del relato novelado de Blatty, dice apegarse a los sucesos reales.

El niño, hijo único de una familia de fe luterana nació en los años 40’ en una familia compuesta por sus padres, su abuela materna y su tía Harriet, quien sería la figura más importante de su vida puesto que era una convencida creyente en el espiritismo y lo inició en esta práctica desde su más tierna infancia, a tal grado que uno de sus juguetes favoritos era una tabla Ouija. Cuando Robbie había cumplido 13 años su tía falleció en la ciudad de San Luis, dejándolo desolado y haciendo que, a través de su juguete de infancia u otros métodos practicados con ella, tratara de comunicarse con el más allá.

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A partir de este momento, alrededor de la persona de Robbie empezaron a ocurrir fenómenos claramente paranormales: golpes, pasos, puertas que se abrían o cerraban abruptamente y sin motivo aparente, manifestaciones que fueron escalando a muebles que cambiaban de lugar, cristales que se agrietaban espontáneamente y en la habitación de su abuela, un cuadro de Jesucristo se agitaba con violencia, como si alguien deseara arrancarlo de la pared. Llegaron a verse incluso fenómenos de levitación de objetos como sillas e incluso el mismo pupitre donde Robbie se sentaba en la escuela.

Pensando que el niño solo estaba fingiendo por llamar la atención, su familia contactó a su pastor luterano, el Reverendo Luther Miles Schulze, quién oró por el joven y decidió llevarlo a su vivienda por dos noches, donde pudo ser testigo de primera mano de las extrañas manifestaciones que envolvían al joven. Según la formación católica clásica la posesión demoniaca tiene tres niveles que escalan del más ligero al más fuerte y son: 

  • • Infestación: el demonio actúa sobre la materia circundante y produce fenómenos telequinéticos (movimiento de objetos) de toda índole.
  • • Obsesión: atormenta a su víctima de manera evidente, sugiriendo ideas nocivas 
  • • Posesión: invade el cuerpo de la persona y lo trata como propiedad suya, obligándole a realizar acciones no deseadas y lastimándola.

Para el pastor, Robbie estaba a punto de pasar a la tercera fase, así que recomendó a la familia consultar a un sacerdote católico: “Ellos entienden de estas cosas”, ya que, según la biblia, incluso Jesús realizaba estos exorcismos y para los católicos son fenómenos que deben ser tomados tan en serio, que no pueden ser realizador por cualquier persona y deben tener una autorización explícita. Incluso su ritual oficial, el “Rituale Romanum” se halla establecido desde el año 1614. 

Ya para este momento la aterrorizada familia decidió hacer caso a su Pastor, por lo que un grupo de sacerdotes, entre ellos, Raymond J. Bishop, Edward Hughes, Walter Halloran, y William S. Bowdern decidieron ponerse de acuerdo para ayudar al joven. Al parecer sobre el caso hay abundante material (incluso una fotografía, de la que no se ha podido verificar su autenticidad), como el diario privado del sacerdote Raymond Bishop o un registro detallado de los hechos realizado por el padre William Bowdern, requisito que exigió la iglesia para autorizar el exorcismo del joven.

Aproximadamente el 27 de febrero y bajo la supervisión del padre Hughes se realizó el primer exorcismo al joven, que no tuvo éxito pues el poseído atacó con violencia al sacerdote causándole heridas que requirieron intervención médica. El trabajo realizado con el joven fue extenso, se asegura que se requirieron hasta una treintena de exorcismos en el lapso de un mes, con jornadas agotadoras.

Mientras se realizaban los exorcismos, aparecían rasguños y marcas en el cuerpo de Robbie, la temperatura del lugar descendía bruscamente, los objetos cambiaban de lugar e incluso un vaso con agua bendita se estrelló contra el piso sin ninguna intervención física. También escupía en las caras de los presentes, realizaba movimientos obscenos, insultaba a los sacerdotes e intentaba llamar su atención constantemente con provocaciones sobre relaciones sexuales entre curas y monjas. Incluso en algunas ocasiones pronunció frases en latín, una lengua que desconocía y que nunca había estudiado. Lo peor empezó cuando empezaron a aparecer letras, nombres (entre ellos “St. Louis” lugar donde falleció Harriet, la tía que inició al niño en lo paranormal) y signos tallados en la piel del joven poseído.

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Por fin, el 18 de abril, después de intensos ayunos y oraciones e invocando a San Miguel Arcángel, Robbie habló con una nueva voz, clara, autoritaria, rica y profunda:

Satanás, Satanás, soy san Miguel y te ordeno a ti y a los otros espíritus malignos que abandonéis el cuerpo en nombre de Dominus, inmediatamente, ¡ahora, ahora, ahora!

Entonces, durante 7 u 8 minutos, el niño se debatió entre violentísimas contorsiones, afirmó sentir como si algo tirara de su estómago y finalmente dijo de manera calmada: 

Se ha ido

Robbie contó que había visto en sueños como el arcángel se había encarado con el diablo haciéndole retroceder hacia una cueva cerrada con barrotes en cuya entrada estaba la palabra “spite” (Del latín "Maldad")

A la mañana siguiente comulgó en la capilla del hospital y después de una larga siesta, no parecía recordar nada de su penosa experiencia. Su identidad permaneció en reserva, pero se supo que logró tener una vida plena y feliz, que se casó, fue padre y abuelo y que falleció a una edad avanzada.

Esta es la historia real del filme El Exorcista, que, como si arrastrara algo de la maldición que pesaba sobre Robbie Mannheim, tuvo miles de contratiempos entre ellos la muerte de varios de los participantes en la misma y hay quienes aseguran que incluso es una película maldita.

Una vez más, la realidad supera a la ficción.

Alejandro Bernal

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