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TANTOS MUERTOS COMO EN VIETNAM: CÓMO ACABAR CON LA EPIDEMIA QUE ARRASA ESTADOS UNIDOS

TANTOS MUERTOS COMO EN VIETNAM: CÓMO ACABAR CON LA EPIDEMIA QUE ARRASA ESTADOS UNIDOS

Algunas morgues no dan abasto

El abuso de fármacos opiáceos contra el dolor (y de alternativas ilegales como la heroína) mató en 2016 a 42.000 personas en Estados Unidos. Un 28% más que en 2015 y cinco veces más que en 1999, según datos oficiales. Algunas morgues no dan abasto, los ayuntamientos empapelan las calles con anuncios de primeros auxilios y las autoridades médicas discuten cómo vencer esta epidemia cada vez más agresiva, cada vez más visible.

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“Para no estar al tanto de la epidemia tendrías que ignorarla a propósito”, dice por teléfono el doctor David Patterson, profesor de salud pública de la Universidad de Washington. “Mucha gente, o sus familias, ha sido afectada personalmente”. Una percepción respaldada por las cifras. Los datos preliminares de 2017 apuntan al empeoramiento de una crisis que ya ha recortado por segundo año consecutivo la esperanza de vida en Estados Unidos.

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La Administración Trump ha prometido varias veces atajar la epidemia. A mediados de marzo el presidente de Estados Unidos anunció una serie de medidas que se pueden separar en tres bloques: reforzar la vigilancia médica para reducir un tercio las recetas en los próximos tres años, aumentar el acceso a tratamiento y endurecer los castigos penales a traficantes de drogas, incluyendo la aplicación de la pena de muerte. “Seas un camello, un doctor, un traficante o un productor, si violas la ley y vendes ilegalmente estos venenos mortales, te encontraremos, te arrestaremos y te haremos responsable”, declaró Donald Trump durante un discurso en New Hampshire.

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Las palabras “pena de muerte” captaron inmediatamente la atención de los medios de comunicación, pero las personas que lidian en primera línea con los opiáceos destacan otras soluciones, multidisciplinares, caras y complejas. “Lo primero que habría que hacer es tratar a los opiáceos como se trata a la morfina. Ponerlos en la misma categoría”, dice Patterson. “De esta manera estarían más controlados, cortaríamos el suministro, frenaríamos las adicciones y podríamos centrarnos en tratar a los adictos”. El problema, en su opinión, es que esta medida desataría una lucha con las grandes farmacéuticas, que gracias a los opiáceos “están ganando demasiado dinero”.

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La producción de medicamentos como OxyContin o Percocet está en manos, sobre todo, de cinco grandes compañías: Purdue Pharma, Johnson & Johnson, Insys, Mylan y Depomed. Según una investigación de la agencia AP y el Centro de Integridad Pública, el sector se habría gastado 880 millones de dólares entre 2006 y 2015 en una campaña de influencia en las instituciones médicas para promover la receta masiva de medicamentos altamente adictivos.

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Algunos de los estados más afectados están intentando llevar a estas corporaciones ante un tribunal. El Gobierno de Ohio, donde dos de cada diez personas recibieron una receta de opiáceos en 2016, ha acusado a una decena de farmacéuticas de inundar el mercado con estas pastillas aun conociendo sus efectos en el paciente. La ciudad de Nueva York también se unió a las 60 demandas federales a las compañías: exige 500 millones de dólares de compensación por “alimentar esta epidemia vendiendo estas drogas peligrosas y enganchando a millones”, en palabras del alcalde, Bill de Blasio. Mientras la vía legal se abre camino, la Administración Obama ya había aprobado más recursos contra la epidemia. El estado en el que David Patterson desempeña su labor, Misuri, recibe 10 millones de dólares anuales con este fin desde hace dos años. “Más gente recibe tratamiento, éste es más asequible, puede que el año que viene veamos algunos beneficios”, declara. Pese a ello y al aumento de “conciencia” en la comunidad médica y de formación respecto a los opiáceos, “sigue habiendo un exceso de recetas”.

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El mundo médico también experimenta una especie de despertar. Algunos profesionales reconocen haber estado recetando estos fármacos durante años sin conocer, hasta hace poco, sus auténticos efectos: que una semana tomando opiáceos, por ejemplo, engancha al 10% de los pacientes. “Así son de adictivos, y no tenía ni idea”, declaró el cirujano e investigador Atul Gawande. “Estuve alimentando parte de esta crisis. Todos lo hicimos”. Una solución, según Gawande, sería limitar a tres días la receta de opiáceos y solamente en los casos de pacientes con un dolor especialmente fuerte.

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El número de víctimas de opiáceos, legales e ilegales, en 2016, es comparable al de estadounidenses muertos en la guerra de Vietnam. Y como si de una guerra se tratara, la Casa Blanca inaugurará un monumento en honor a los caídos en esta epidemia. El memorial estará compuesto de 20.000 mini-retratos de víctimas de sobredosis, tallados en pequeñas pastillas blancas. La obra se llama “Recetado para la muerte”.

Redacción Un Mundo de Misterio

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