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WOJTEK, EL OSO SOLDADO DE LA SEGUNDA GUERRA MUNDIAL

WOJTEK, EL OSO SOLDADO DE LA SEGUNDA GUERRA MUNDIAL

No todos los héroes usan capa, algunos tienen pelaje

En el año 1941, durante la segunda guerra mundial, Polonia, como otros paises, pasaba un mal momento y un contingente de soldados, tratando de huir de los desmanes rusos, decidió dirigirse a oriente medio, para unirse a los aliados. En el camino, la Armada de Anders (así llamada por el General Władysław Albert Anders) encontró una sorpresa: Un niño cargaba una bolsa con sospechosos movimientos, y los soldados intrigados, descubrieron que se trataba de un cachorro de oso de unas ocho semanas, cuya madre había sido muerta por cazadores y que había sido rescatado por el pequeño.

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Después de largas negociaciones con el chico, que incluyeron chocolatinas, latas de carne y caramelos, finalmente, un bolígrafo-cortaplumas permitió al osito convertirse en miembro del ejército Polaco. En la segunda compañía de Transporte (que posteriormente se convertiría en la 22ª Compañía de Artillería), recibió su nombre Wojtek, diminutivo del nombre propio “Wojciech”, nombre de origen eslavo que significa literalmente “feliz guerrero” o “aquel a quien le gusta la guerra”.

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Para criar al pequeño oso, los soldados improvisaron un biberón con una botella de vodka, algo de leche condensada diluida y un pañuelo, pero pronto los gustos alimenticios del nuevo integrante de la tropa se ampliaron con fruta, mermelada, miel y especialmente su bebida favorita la cerveza. También gustaba de fumar… aunque en realidad solo sostenía el cigarro por unos minutos para luego devorarlo, siempre y cuando estuviera previamente encendido.

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Wojtek, como otras mascotas y animales en la guerra, ayudaba a mantener en alto la moral de las tropas, era un motivo de distracción y distensión durante las arduas batallas que se debían enfrentar; durante dos años el oso soldado provocó cientos de anécdotas debido a su afición a robar huevos de la mesa de los oficiales al desayuno, sus jugueteos con la ropa interior secándose o su afición desmesurada al agua: descubrió cómo accionar las duchas y gustaba de tomar largos baños; era común verle chapoteando en las instalaciones del campamento. Todo esto no hacía más que aumentar los lazos de amistad que se creaban entre él  y los hombres de la Compañía, quienes le veían como un perro enorme y no le temían.

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Pero no todo era diversión, era un miembro más de la tropa: luchaba con los soldados (dejándose vencer en ocasiones), se avergonzaba y tapaba su cara si era castigado, dormía en una tienda, marchaba sobre dos patas con las tropas cuando desfilaban y cuando tenía que viajar se sentaba en el asiento del copiloto de un jeep o camión, como lo haría cualquier otro soldado. Una noche impidió el robo de valiosos suministros, cuando un ladrón entró en un complejo de municiones donde Wojtek estaba durmiendo. Imaginen la sorpresa del ladrón, mientras el oso fue recompensado, cómo no, con varias cervezas.

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Cuando la armada Polaca iba a ser enviada a Italia por parte de los británicos, no era permitido transportar animales, pero sus compañeros de batallón no estaban dispuestos a dejarlo atrás y enlistaron a Wojtek en el ejercito con todos los documentos necesarios: tendría su propia cartilla de paga, número de identificación, su tienda y hasta su propio uniforme. El oficial británico a cargo del traslado, sorprendido, solo revisó los documentos y con una palmadita en el hombro le dio la bienvenida al transporte.

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En Monte Cassino, al ver a sus compañeros esforzándose por levantar y cargar cajas con equipamiento y municiones, extendió los brazos como diciendo “Vamos soy un miembro de la tropa” y así comenzó a ganar su paga sin dar muestras de fatiga, y sin asustarse en ningún momento por el ruido de las continuas explosiones transportando las pesadas cargas para reforzar la moral y suministros de sus compañeros en el frente. Cuando la batalla terminó y reconociendo la valentía de Wojtek, solicitaron su ascenso a Cabo y los soldados solicitaron permiso para cambiar el emblema de la Compañía de Transporte 22 por una que mostrara un oso cargando una enorme pieza de artillería, convirtiéndose así en su nuevo emblema.

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Al finalizar la guerra, Wojtek, como otros soldados, fue desmovilizado y se “reincorporó” a la vida civl en el Zoológico de Edimburgo (al ser criado por seres humanos no era adecuado para vivir en estado natural). Allí fue la estrella favorita del lugar, se ponía feliz al oír hablar polaco, y sus antiguos compañeros venían a verle para darle sus favoritos (cigarrillos y cerveza) y para algunas luchas amistosas. Sin embargo, como muchos guerreros, estaba hecho para la acción y con solo 22 años (los osos en cautiverio pueden alcanzar más de 30 años) murió el 15 de noviembre de 1963

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Son muchos los homenajes que se le han hecho, por ejemplo, placas en el Museo Imperial de la Guerra en Londres, una escultura en el Museo Sikorski de Londres y sus dos memoriales: el de Cracovia (inaugurado en 2013) y el de Edimburgo (2015), peluches conmemorativos y hasta una cerveza artesanal que recuerda su bebida favorita. Es el justo reconocimiento para quien arriesgó la vida para ayudar a sus hermanos humanos.

Alejandro Bernal

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